Fe como resiliencia

ESPIRITUALIDAD Y RESILIENCIA
La resiliencia de la mano de la espiritualidad encuentra el empoderamiento personal y social en los procesos de vulnerabilidad. Ante procesos de dolor un corazón con intenciones puras y una mente abierta facilita contemplar la belleza oculta en las dificultades de la vida.

La resiliencia se construye en un proceso continuo durante toda la vida, en una interacción entre la persona, el sistema social y la interacción con el entorno.

Admitir las propias debilidades facilita que el otro las acepte. Por eso la propia aceptación condiciona la posibilidad de dejarse cuidar, de recibir el amor del otro. Amar al prójimo como a uno mismo anima a dar un paso hacia la aceptación de la realidad interna y externa como algo propio, como algo de lo cual es nuestro espejo.

La certeza que no estamos solos ante los dolores y decepciones para afrontar las dificultades nos aporta el valor para superar las tragedias de la vida. En toda crisis hay una oportunidad que ayuda al humano a renacer fortalecido por las adversidades.

La dimensión trascendental, el sentido, misión y sacralidad de la vida, el altruismo, etc se vinculan con valores espirituales que otorgan mayor capacidad al humano para desarrollarse en presencia de grandes dificultad.

 

La espiritualidad llama a encontrar el amor ante el dolor aunque con la comprensión de las leyes universales de causa y efecto y las consecuencias del libre albedrío.
La relación de cercanía y cuidado con el prójimo abre la puerta a la esperanza y a la indulgencia transformando los sentimientos en la confrontación con una situación difícil y destructiva.

Lo que reúne, lo que vincula al amor entre nosotros/as es considerar a la Divinidad en intimidad con nosotros/as.

Si alguien no logra amar, porque está metido dentro de su angustia, amargado y si hasta ese deseo le es inalcanzable, a causa de la tristeza y la crueldad donde está hundido queda todavía el deseo de desear el amor.

El perdón indulgente tiene más inteligencia, sabiduría y voluntad que nuestros sentimientos. Se trata de reconocer la realidad tal cual es y de construir a partir de allí. Esta dinámica puede ser esencial para la resiliencia porque busca poner en movimiento el crecimiento en el punto en que lo habían detenido los sucesos dramáticos: abusos, maltratos, violencias sexuales, crímenes, guerras o simples conflictos hirientes.

Las personas que ven un sentido y una coherencia a lo que sucede en su vida, muestran más resiliencia que otras. La persona que vivió la dificultad de dar o recibir el perdón indulgente es consciente que no se trata de una solución fácil, porque una vez que sucedió la desgracia no podemos volver atrás, hacia un mundo ideal y el mejor camino es afrontar el día a día de la mejor y más elevada forma posible.

La herida es el lugar donde la luz entra en ti. La resiliencia considera realista tratar el crecimiento humano integrando, poco a poco, las cicatrices del pasado en una transformación positiva de la aflicción. Una alegría de vivir que no niega ya los sufrimientos, sino que los integra.

CONCIENCIA  PLENA

“Hesicasmo” es un término del griego derivado de “hesykhía”, que significa quietud, silencio, paz interior. Es una doctrina y práctica ascética difundida entre los monjes cristianos orientales, a partir del siglo IV d.C. con los llamados Padres del Desierto.

“Hesicasmo” como práctica de “mantener la quietud” se basa en un encuentro o comunión con la Divinidad y para esto se da un conjunto de prácticas fisiológicas y psicológicas; por ejemplo mantener la inmovilidad física y psíquica mientras se recita incesantemente una jaculatoria, como podría ser la llamada la “plegaria del corazón“, la cual consiste en una reiteración de una misma frase según el ritmo relajado de la respiración.

Jaculatoria es una breve oración, plegaria o invocación lanzada al cielo con fervor del vivo corazón. ​Este recitado permite llenar el vacío entre los tiempos de oración y las actividades ordinarias de la vida y conectar con la inmanencia y trascendencia en momentos de trabajo. También se práctica en concentración, intimidad y con exclusión de toda otra actividad.

El método se fundamenta en la sencillez para alcanzar más fácilmente un estado de contemplación y guarda del corazón. Es una labor ligada a la mesura, serenidad, talentos y dones personales. La postura recomendada es permanecer sedente, disminuir la luz, cerrar los ojos, usar si se requiere un rosario para lograr una mayor concentración de la mente que retoma la conciencia presente con el paso de cada cuenta, para así ligar la atención o conciencia plena en re-unión y relación íntima con lo Sagrado.

 

Metanoia (del griego, “meta”, más allá y “nous”, de la mente o “metanoien”, cambiar de opinión, arrepentirse) Su significado literal del griego denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección.

Esta palabra también es usada en teología cristiana asociando su significado como una transformación profunda de corazón y mente. Un giro para comprender con el corazón, concebir más allá de la mente con el espíritu puro en santidad.

Μetania es introspección, renovación para el cambio por la contrición verdadera. Es conversión en el renacimiento de una vida nueva y despertar espiritual.

Metanoia es emprender el camino y verdad de la liberación en la transitoriedad, no permanencia del individuo. Es la comprensión de la insustancialidad y el sufrimiento existencial cuando se vive separado de la unidad de la Divinidad, debido al apego, ignorancia y aversión que se piensa, se desea y a continuación se puede o no llevarse a la acción como reflejo del estado de pureza de nuestra alma.

(Mat.15:19) ”Desde el corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, insultos y las blasfemias”.

Una forma en las que podemos “convertirnos al corazón” nuevamente como niños, para recibir la palabra como avidez y humildad, es entender la enseñanza que se precisa para cambiar la manera obsoleta de pensar o razonar. Se necesita odre nuevo para vino nuevo.

 

Metacognición es la capacidad de auto-regular los procesos de aprendizaje. Involucra un conjunto de operaciones intelectuales asociadas a la forma de aprender a razonar y aplicar el pensamiento, control de la voluntad y regulación de los mecanismos cognitivos para cosechar conocimiento y conductas en su contexto sociocultural.

La Metacognición no implica necesariamente la aceptación y la eliminación de juicio, sino más bien la toma de conciencia, interpretación y regulación de los procesos mentales internos. Implica un acceso reflexivo a la mente al tornar está sobre sí misma y tomar conciencia y control de la propia cognición en cuanto al valor funcional o el grado de verdad de sus contenidos y procesos cognitivos y conductuales. De este modo, uno tiene capacidad de anticipar la conducta propia o ajena porque constantemente aprende, recaba, interpreta, evalúa y procesa información consciente o inconscientemente en interacción con su entorno.

El conocimiento metacognitivo o creencias proposicionales son creencias positivas o negativas sobre la regulación de los estados internos se interrelacionan con los planes y decisiones tomadas para regular estados internos que dan lugar a estrategias de afrontamiento y cambios en el foco de atención.

 

Para pasar de un antiguo modo de creencias a un plan de acción nuevo se requiere “conciencia plena” que está asociada a un estilo de pensamiento, conducta, foco de atención y una reconceptualización, conversión o metanoia, puesto que, nadie remendaría ropa vieja con ropa nueva.

Captar el significado de metanoia, es comprender lo que significa aprender en relación con la metacognición. Es un cambio de enfoque, un cambio de perspectiva experiencial. De este modo, se puede entender la “atención o conciencia plena” como una práctica meditativa mientras se realiza actividades habituales al ser conscientes de lo que estamos haciendo en presencia de la Divinidad.

sinceridad
sensibilidad
agradecimiento
empatía
cooperación
generosidad
humildad
MEDITACIÓN  Y  CONTEMPLACIÓN

Contemplación es una meditación profunda de carácter místico en la que se presta “conciencia plena” a lo santo, a lo sagrado que mora en todo siendo UNO Eterno.

Ser conscientes de los propios caminos de “prácticas de meditación” puede enriquecer nuestra oración contemplativa. Su práctica va mucho más allá de ser una mera técnica de autocontrol psicológico porque genera mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a la Divinidad, aumento en los frutos del Espíritu y, por supuesto, un serio y auténtico conocimiento personal.

La meditación cristiana es llamada también oración mental. Santa Teresa de Jesús, maestra de oración, Doctora de la Iglesia, consideró que la “meditación” es búsqueda, tanteo y la “contemplación” es hallazgo, posesión.
Recomendó no convertir toda la oración en reflexión: “Es bueno discurrir un rato… pero que no se vaya todo el tiempo en esto… porque la sustancia de la oración no está en pensar mucho, sino en amar mucho… y amar es una relación bidireccional, un vínculo sagrado donde complacer al Amor Incondicional en todo”.

Debemos recordar que la “meditación” está ordenada hacia la contemplación. De tal manera que, si estando en “meditación”, el Santo Aliento nos da la gracia de recogernos en silencio o de darnos contemplación, no podemos tratar de seguir meditando.

Son formas de orgullo el engreimiento, deseo de poder, vanidad, querer quedar bien, querer ser apreciado, reconocido, estimado, aprobado, consultado, alabado, preferido, defensa de los propios intereses, creerse indispensable, defensa de la propia imagen, temor a perder la fama, temor a la crítica, etc.

El servicio y la adoración limpia el orgullo. La oración nos hace humildes, pobres de espíritu al tomar conciencia de la omnipotencia y gloria del Amor Todopoderoso.

La oración es en un camino comprometido con la Verdad, con el servicio a los demás y con una profunda búsqueda de pureza y Amor para estar en comunión con lo Sagrado.

Nuestra mente está ocupada en cosas que tienen que ver con el quehacer diario y las preocupaciones mundanas. Requiere esfuerzo vivir en atención a nuestra Divinidad. Dadas las ocupaciones cotidianas necesitamos tener momentos específicos de meditación y reconexión con lo sagrado.
La oración es un diálogo con nuestra propia Divinidad. Hay que dejar espacios de silencio interior para que el Amor nos hable al corazón.
La forma más básica de oración consiste en visualizar lo mejor y más elevada forma posible de aportar y crear un mundo mejor. Hay más generosidad con la oración de intercesión, cuando oramos no para pedir por uno/a mismo/a sino para conectar con pensamientos elevados para mejorar la situación de alguien, un colectivo de personas o por alguna cosa altruista más general.

La oración de arrepentimiento no consiste en pedir perdón, sino en la actitud de contrición verdadera ante nuestro propio ego, cuando fallamos al amor al prójimo o nos alejamos e incluso rechazamos al Amor en Todo.

La oración de reparación no consiste en pedir perdón por las ofensas y carencia de conciencia sino en reparar o restituir las causas y efectos de esas deudas u ofensas. Podemos orar unos por otros, incluso por humanos que no se arrepienten de sus palabras, obras y omisiones. La oración proactiva puede reparar por las ofensas y rechazos de parte de tantas personas. Somos un cuerpo orante, siendo almas unidad en todo. Nuestros pensamientos, palabras y acciones generan consecuencias y crean realidades. Por ejemplo, si alguien blasfema contra alguien entonces para reparar esa frase, que genera adversidad, a continuación podemos pensar en una reparación con un acto compensatorio.

La oración de agradecimiento forma parte de nuestro camino, verdad y vida. Nos impulsa a valorar y pensar en la grandeza del amor y omnipotencia del Eterno.

La oración de entrega es de las más necesarias, puesto que es una oración de confianza, es el camino de recibir al dar amor.
No debemos confundir permitir hacer la voluntad marcada en el camino de mejorar nuestros atributos como humanos con querer nuestra propia voluntad. El servicio al prójimo, de forma desinteresada, es una forma de oración en silencio y de amor en acción.

 

La oración de adoración es muy elevada porque tenemos que darnos cuenta y no olvidar que somo UNO en espíritu y verdad en Todo.
Adorar consiste en conocer las leyes universales de emanación, creación, formación y acción, denominadas en el Árbol de la Vida como YHWH. Adorar es la sabiduría y entendimiento para dar amor con intensidad al próximo y servir con gratitud sobre todas las cosas. Estamos interconectados, todos somos Uno.
Al visualizar un mundo mejor, le damos paso a nuestra Divinidad para que actúe en nuestra alma, en nuestro corazón, nuestro entendimiento y nuestra voluntad.

En el silencio el Vacío, UNO Eterno, se comunica mejor al alma y el alma puede dejarse amar incondicionalmente e ilimitadamente. Amarse es conocerse, es profundizar en el ser libre y eterno.

La adoración nos va haciendo conformar nuestra vida a los planes que la Fuente de Vida tiene para nuestra existencia nos va haciendo cada vez más a imagen de la completo y sagrado, nos va haciendo más semejantes a la conciencia Crística. La meditación en los atributos del Árbol de la Vida nos va develando lo oculto, sobre todo la verdad sobre nosotros mismos: nos muestra cómo somos realmente.

 

La ORACIÓN CONTEMPLATIVA es llenarse de Amor Verdadero y darlo a los demás. La oración sincera impulsa a dar a conocer el amor, la belleza y la armonía a los demás.
Lo importante es lo que la Divinidad nos muestra en nuestros actos cotidianos, como hablamos y actuamos es un reflejo de nuestra alma.

La oración, es amor en acción, está conectada con valores humanos y espirituales que construyen la vida en conexión con el servicio sincero y la empatía hacia o el sufrimiento ajeno.

La oración contemplativa consiste en abrirse a la presencia real de la Divinidad en nosotras las almas, en quien encontramos la verdadera sanación, paz y salvación eterna. Mediante su práctica se busca silenciar los ruidos interiores de la mente. Es un proceso constante que implica despojarnos del propio yo, del egoísmo, el egocentrismo, la soberbia, el orgullo y la vanidad. Se mantiene una actitud de escucha en la que, desde la humildad, hay una parte de recogimiento interior para encontrar el fin último de nuestra existencia en la tierra, la unión con el Eterno.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán la Luz de Sabiduría Absoluta que emana, crea, forma y acciona como Fuente de Vida.

Fe como resiliencia

El sentido de la vida es una vida con sentido que da el aliento de vida. Es una manera de estar presente, de experimentar y actuar que proviene del reconocimiento de una dimensión trascendental, caracterizada por ciertos valores con respecto a uno mismo, los otros, la naturaleza y la vida.

La resiliencia tiene tres dimensiones que ayudan a calmar las emociones que surgen ante las adversidades: la intrapersonal, conectada con el poder interior; la interpersonal, en relación a la necesidad de sentirse parte del entramado afectivo de los demás; y la transpersonal, en la cual el ser humano presenta el sentimiento de pertenencia a una realidad superior.

La espiritualidad es una dimensión intrínseca a la persona, no es accidental ni ocasional sino que constituye un componente propio del ser humano.

La fe es la forma de religarse con confianza en un Ser Superior. Es una construcción humana que no va contra la razón pero va más allá de ella. Es una vivencia personal que da sentido y otorga valor a la vida.

 

La oración es la acción consiente que expresa el agradecimiento, la súplica y la alabanza a un Ser Superior. En cambio la meditación representa una elevación de la mente y el corazón a una dimensión trascendente, en la cual no necesariamente se incluye la creencia y/o relación con un Ser Superior.

Para entrar en meditación se suele recurrir a diferentes técnicas tales como la relajación, el silencio, la respiración, las posiciones corporales, la lectura de textos sagrados, etc.

La salud es el estado de bienestar biológico, psicológico, social y espiritual.
Existen personas que tienen una gran vivencia espiritual y que no necesariamente se vinculan a una religión específica, y otras que practicando una determinada religión, dejan muy poco lugar a la espiritualidad.

Es posible que una participación en los grupos religiosos signifique más una afirmación de pertenencia a un colectivo que de compromiso.

La búsqueda de lo trascendente se relaciona con un conjunto de necesidades en términos de solución de las angustias, de recuperación de la autoestima, de afirmación de la identidad e integración social y de búsqueda de un sentido de vida capaz para afrontar el futuro.

Profundizando las realidades de la vida se llega a lo espiritual, puesto que no se puede llegar a lo espiritual sin estar con los pies en la tierra. La espiritualidad no es simplemente una cuestión de opinión y de elección, ya que ella trata de manifestar algo sobre la realidad cotidiana.

Mística cristiana

La mística cristiana se apoya en reconectar con nuestra propia Divinidad. El Amor Incondicional se revela gratuitamente y con sobreabundancia aunque para alimentar la relación de cercanía y autenticidad entre los humanos se requiere una predisposición activa y compromiso.

La mística es un camino para decidir sobre nuestra vida y acciones en relación a encontrar los atributos de la Unidad en todo lo que existe.

Las emociones, las intuiciones, las reflexiones, las revelaciones en contemplación dan coherencia, profundidad y sentido a la certeza de sabernos seres sagrados.

 

La mística cristiana pone énfasis en tres etapas que se complementan:

La primera etapa es la del trabajo de control del cuerpo, emociones e intelecto. Es el desarrollo y la comprensión de la templanza y la humildad como virtudes.  En esta etapa la Gracia de conocer las leyes universales de causa y efecto se entrelaza con nuestra voluntad en un trabajo diario de ascetismo y virtud.

La segunda es la etapa de contemplación y comprensión de la revelación de la divinidad, tanto la natural como la sobrenatural. Para contemplar y comprender de nuevo tenemos que dar consistencia con nuestra voluntad.

Por último tenemos la “divinización”. Aunque la palabra nos induzca a pensar en hacernos dioses/as, por supuesto que no se trata de eso, sino de convertirnos al servicio del Amor Universal del Uno Eterno, que actúa como una familia dentro de una asamblea, comunidad o fraternidad.

 

El objetivo de la espiritualidad no es llegar a un estado personal de éxtasis sino que tiene un carácter comunitario y social, para hacer llegar al mundo el reino del Amor Incondicional, Verdad Absoluta, cuando nos negamos a nosotros/as mismos/as para darnos a los/as demás amando de forma consciente. Del mismo modo alcanzamos la excelencia cuando comprendemos que recibir es una forma de amar, dando a la humanidad la oportunidad de dar con generosidad.

La mística cristiana se centra en la relación íntima con lo sagrado que mora en cada ser, se desarrolla en la comunidad y se vuelca al mundo para transformarlo con actos cotidianos.

 

 

7 pasos para cultivar el camino del amor sublime y la certeza:

• INVOCACIÓN
• LECTURA SAGRADA
• MEDITACIÓN
• ORACIÓN
• CONTEMPLACIÓN
• ADORACIÓN
• COMPROMISO Y ACCIÓN SOLIDARIA.

 

Convertirse es girar al corazón en calma, dicha, contrición sincera y sensibilidad ante la ley e incesante recuerdo que somos seres eternos.

• Con humildad de corazón entra profundo dentro de ti con la respiración.

• Lee reposadamente el texto bíblico hasta entender el mensaje que la Palabra Sagrada quiere darte.

• MEDITA cómo profundiza la Palabra en tu presente. Interioriza el mensaje ahondando en tu vida.

• ORA visualizándote creativamente mejorando el mundo en respuesta al mensaje que te ha inspirado una emoción  gratificante. Agradece con la certeza que todo siempre es lo mejor para aprender a dar y recibir amor.

• CONTEMPLA en silencio en atención y Presencia Plena. Refléjate en el Corazón, ten pasión por como la sagrado se da a conocer por el ardor de la Palabra. Permanece simple con serenidad ante los misterios que se te revelan cuando reconectar con la paz interior.

• ADORA en intimidad, alcanza la conciencia superior a lo mundano. Amar con intensidad es un estilo de vida. Podemos adorar en el espíritu con un corazón puro, abierto y sensible, cuando la mente deja de estar centrada en las cosas materiales. No existe nada más que el Amor Eterno que habita en todo y todo lo puede, por tanto todo es dar y recibir amor y cuidado sintiéndose en unidad con todo.

• Actúa con gozo haciendo un compromiso que brote de este encuentro con la Divinidad. Da un giro más a tu conversión, regresa a la vida con una actitud alegre y agradecida. Anímate y ama con tus pensamientos, palabras, actos y con tu ejemplo de ayuda en el camino de entrega y vía de Salvación.

 

“Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca halla; y al que llama se le abrirá”; (Mateo 7:7-8).

Pedid dando y se os dará entregando. Perdonad con indulgencia y no seréis juzgados por otros.

Buscad MEDITANDO textos de sabiduría sagrada y leyes universales de causa y efecto y hallaréis AMANDO.
Llamad ORANDO con visualizaciones creativas agradeciendo las bendiciones de la vida y se os abrirá CONTEMPLANDO con presencia plena.